miércoles, 18 de mayo de 2011

EL ARTE DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS ES UN ARTE NEGADO POR LA SOCIEDADES OCCIDENTALIZADAS, REFLEJO DE UNA SOCIEDAD CLASISTA.



"La Danza del Jaguar" (fragmento)
Técnica: Acrílico sobre lienzo.
Dimensiones: 1.20mt. x 80 cms.
Autor: Álvaro Sermeño.




“EL COMPROMISO DEL ARTE Y SU PAPEL TRANSFORMADOR EN LA SOCIEDAD: EL ARTE DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS ES UN ARTE NEGADO POR LA SOCIEDADES OCCIDENTALIZADAS, REFLEJO DE UNA SOCIEDAD CLASISTA Y DISCRIMINATORIA.

Por: Álvaro Sermeño.

El arte constituye una de las formas de conciencia social, y especialmente, una de las formas de comunicación humana, para esto, es necesario aclararnos primeramente algunos conceptos en torno al papel que juegan las imágenes estéticas en el mercado capitalista, el cual reduce a la labor creadora del trabajador, obrero –artista, considerando el arte una mera mercancía. En ese “juego”, mucho de los creadores de arte producen su obra bajo los cánones y criterios de la demanda del estado capitalista, y no de la demanda de la necesidad del consumo del deleite de la obra estética creadora por los grandes sectores populares productivos laborales (del proletariado). Sino éste se reduce al consumo en los círculos pequeños de las élites, la pregunta es: ¿cómo se considera la obra de arte producida por manos del pueblo de obreros, campesinos, mujeres y hombres, y en especial el arte de las poblaciones indígenas? Para esto, la producción del arte de los pueblos originarios, si se le reconoce como tal, en una manifestación estética de los que el mercado capitalista denomina “artesanías o artesanales”. Dichas manifestaciones, gozan del valor simbólico iconográfico de ser elaborado por “indios”, y cuando esto sucede, por lo general es totalmente anónimo. Ante éste atropello del derecho legítimo de su autoría intelectual individual- colectivo, el arte elaborado por las manos del intelecto indígena, se convierte nada más en pieza vendible; desde el punto de vista mercantilista, en una cosa “bonita”, “decorativa”. Más que considerada en una expresión estética legitima creadora.

El truco del capitalismo frente a la autoría intelectual, es que vale más la firma del autor que la obra por su contenido y forma en sí. En ese sentido, si el autor goza de prestigio, aumenta la demanda del valor de uso y valor de compra de cada obra (lo cual juega como sinónimo de símbolo de poder adquisitivo) “es en el verdadero valor” que encierra la obra en sí, quizás por su forma y no por su contenido. Por tanto, analicemos, como el capitalismo neoliberal, desvalora una producción intelectual, una pieza u obra de arte cuando se le considera falsa, y no legítima adjudicada anteriormente a un determinado, autor de prestigio, famoso. “Es precisamente, “la firma la que vale” y no en sí la obra producida estéticamente bajo los cánones occidentales elaborados por un creador.

Pero volviendo a nuestro análisis de contenido de la obra de arte producido o parido por los pueblos originarios. En el caso de ser llamado: “arte indígena”, o “las artes de los pueblos primitivos”, en antropología, se hacen valoraciones como el arte de numerosos pueblos llamados “primitivos” es considerado despectivamente “primitivistas”, pero bajo un enfoque peyorativo de ser considerado una producción exótica, poco común en estos laredos. No cabe duda que el arte producido por los pueblos originarios son el resultado de un largo proceso cultural muy propio, aunque en muchos casos sea el resultado sincrético, en donde juega un sistema complejo simbólico- sígnico, entre un significante y un significado estético- ideológico, y que contenga un alto valor artístico cultural; no obstante, posee en sus entrañas, implícitamente, un alto contenido ritual, simbólico. El arte de los pueblos originarios es a igual tan valioso como otra manifestación universal de las culturas del globo en el cual cohabitamos, producido por las manos originarias de los pueblos que lo paren, y no bajo conceptos de los cánones occidentales. En sí, es un arte que cumple con los procesos de comunicación humana, dentro de la comunicación estética del arte en general, por tanto, es un arte creador dentro de un proceso decodificador del pensamiento de los pueblos originarios, y en realidad se convierte en auténticos signos artísticos.

Así, cada pieza producida por los pueblos originarios debe de elevarse por parte de los sofistas e intelectuales burgueses y de sus lacayos servidores pseudo burgueses, quienes niegan a la producción estética de los pueblos originarios la categoría de arte. No cabe duda, que lo importante para el mercado mundial globalizado es el arte occidentalizado, que produce dividendos. Tanto, en otros continentes como China, Oceanía, África, o en cualquier parte del mundo el arte de los pueblos originarios se transforma en manifestaciones de la conciencia social. Y como una de las formas de conciencia social, el arte es el reflejo o el producto de las sociedades que lo producen. Cada manifestación estética encierra un valor estético simbólico creador histórico cultural de la sociedad que lo produce.

En El Salvador, el registro histórico de las iconografías antiguas ha estado sumergida en la total obscuridad,, no sabemos mucho de lo ocurrido en términos de las autorías labores artísticas de los periodos ancestrales, para lo cual tenemos numerosos ejemplos en el anonimato, tales como el arte representado plasmado y aparecido sobre las rocas, uno de éstos son los petrograbados del cual no podemos interpretarlos ligeramente con ojos occidentales del siglo XXI, igualmente, las numerosas iconografías sobre las piezas prehispánicas como son las cerámicas monocromas y policromas, tanto, vasijas, piezas escultóricas en arcillas con formas zoomórficas, antropomórficas, fitomórficas entre muchas otras, que narran o representan escenas de la vida cotidiana, así como de guerreros, de tomas de poder o simplemente formas decorativas geométricas que aluden a las mágicas formas representadas en los panteones mesoamericanos, serpientes, jaguares, ranas o sapos, lagartijas u otros reptiles,; aves como los “cuauces”(gavilanes), águilas; tecolotes, auroras (búhos); y en piedras, numerosas estelas, relieves en estucos, construcciones piramidales, y diseños o escrituraciones, ilustraciones sobre papel de higueras de los ya escasos códices sobre papel de amate como son los tonallamatl, tonalpohualli, tzolkin, Chol Q’ij. Estas últimas producciones etnocientíficas, científico-artísticas intelectuales fueron presas de las hambrientas hogueras del conquistador, sujetas igualmente, con mayor facilidad al deterioro ambiental biodegradable, y por tanto, a las quemas despiadadas en las llamas del conquistador bestial inquisidor clerical.

Desde los periodos formativo, pasando por el clásico y de éste, al posclásico mesoamericano, el arte prehispánico se ejecutó con maestría sobre múltiples superficies planas, en paredes de las estructuras de muros de talud- tableros, pirámides y otras muchas edificaciones; así vemos como se elaboraban esculturas en piedra, estuco, barro o arcilla, jade, pirita, andesita, entre otros muchos materiales duros y blandos modelables, tanto en hueso, madera y demás materiales alternativos.

Pero, que sucedió con las manifestaciones artísticas en la Colonia centroamericana. Recientemente visité Antigua Guatemala, para constatar la producción artística de este periodo, y en especial, la incidencia que tuvo la mano de obra artística indígena en dicho periodo colonial, orientando a un grupo de un centenar de estudiantes en la carrera de la licenciatura en artes plásticas de nuestra Alma Máter, Universidad de El Salvador, todos estudiantes de la Escuela de Artes, de la asignaturas de Historia del Arte IV y Antropología Cultural. Pudimos constatar en Antigua Guatemala, hasta la fecha se le niega al indígena tener acceso a dicho lugar, sobretodo a colocar y vender sus productos elaborados estéticamente en las calles de Antigua, por lo tanto, pudimos constatar que sigue siendo una CIUDAD PARA LOS BLANCOS, no cabe duda, que al indio se le utiliza solamente para la promoción estamparía visual de la captación mercantil y la industria capitalista turística. Al indígena se le sigue negando su papel de productor de una prodigiosa estética que alimenta el espíritu de los pueblos originarios.´ Para el indígena, poner un pie en el suelo de algunas ciudades modelos coloniales es un reto a lo no compartido, o alcanzable en el prototipo de considerársele heredero legitimo de dichos espacios físicos que le son negados, y que ancestralmente le pertenece; legítimamente, es un suelo que le pertenece ancestralmente.

En el arte colonial la mano del artista indígena plasmó con sus atributos estéticos e intelectuales, un sello de identidad que marca la diferencia a lo considerado netamente europeo colonial; logrando así, un arte exquisito, que lo podemos apreciar en las numerosas construcciones de iglesias coloniales en Centroamérica, de igual manera en su cerámica y demás expresiones de la plástica de dicho periodo. Especialmente, en El Salvador en las iglesias de pueblos emblemáticos tales como: Izalco, Panchimalco, Santo Domingo de Guzmán, iglesia del Pilar en San Vicente y muchas otras más que se nos escapan del listado, que forman parte de nuestro patrimonio histórico cultural, arquitectónico, arqueológico e histórico salvadoreño, todas estas edificaciones son muestras de la presencia e incidencia de la mano de obra indígena. Tanto en la imaginería escultórica, placas de gratitud y otras prácticas rituales, sustituyeron al antiguo códice profético, en las numerosa imágenes plasmadas en yesería, en pinturas al fresco, óleos, y numerosas poesías hechas oraciones que mágicamente escondieron o disfrazaron hábilmente hechas en metáforas, a las antiguas deidades para continuidad de su ritualidad, donde las antiguas formas espirituales y antiguos iconos prehispánicos ancestrales fueron cambiados o sustituidos por las nuevas deidades cristianas. En la colonia, el arte hecho por indígenas son precisamente anónimos, y el anonimato fue una constante primordial que los blancos le negaron al indio; tanto, en la calidad de ser considerados artistas.

El artista mesoamericano llamado tlacuilo, indígena que hábilmente transmutó, disfrazando metafóricamente a estas imágenes, así vemos como antiguas deidades, se convirtieron en los santos de la devoción del pueblo, ejemplo lo vemos en el icono de la Tonanzin, la cual se transformó en la Guadalupana; muchas vírgenes son en realidad las equivalentes a Ixchel, Itzaná, Mesti, sihuacoatl, sihuaticutli, Ixcoatl, entre otras para mencionar algunas de las múltiples o numerosas deidades que existían en el pensamiento indígena en Mesoamérica; igualmente, muchos de las imágenes de los santos católicos subyacen como contrapartes del concepto de vida. Muerte, dualidad que comparte una serie de simbologías, tales como machimón, o el San Simón, son un ejemplo.

El etnocentrismo cultural en contra de la producción artística indígena solamente es un atractivo cosmético de las empresas turísticas con fines económicos mercantilista, donde se hunde la dignidad productiva del arte de los pueblos originarios a la miseria económica. Lo exótico y lo vendible, lo cual produce jugosas ganancias a las clases mercantilistas dominantes y no al indio, en todo caso, son formas de concepciones del manejo caprichoso de las marejadas, a una serie de valoraciones antojadizos del comerciante capitalista. En términos generales. El arte producido en las entrañas del pueblo que denuncia, señala el pisoteo al cual es víctima, son negadas a la categoría de arte. Las grandes mayorías de las fuerzas productivas artísticas llamadas el proletariado, en la producción estética son las que le producen capital financiero a las elites capitalistas, éstas son consideradas por los estetas burgueses, simplemente calificadas de artesanías en muchos casos, y no en un arte. No cabe duda que esto, es una negación al alto nivel estético desarrollado espiritualmente, que desde los ancestros el arte estuvo ligado a la intención ideológica de transmitir significados de dominio sobre el otro. En las numerosas imágenes que hasta hoy en día se produce por las manos de los pueblos testimonios, encontramos muchas de estas aseveraciones, en torno al papel que juega el indígena como productor de imágenes estéticas.

Hoy a casi 520 años, del último baqtún de la cuenta larga calendárica del haab, esperamos se cierre el gran ciclo de la obscuridad y resurja el Sexto Sol, equivalente al gran ciclo de la luz del primer baqtún en la nueva cuenta larga. Desde la producción muralística artística en Bonampak, hasta los murales de los mexicanos tales como Guadalupe Posada, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, o el gran pintor indígena ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, o la ya transmutada a la vida inmortal, la intérprete y cantante-poeta Mercedes Sosa, que con su dulce canto de gorrión y vuelo pausado del cóndor viajó al mundo del Mictlan, hoy todos ellos forman parte de un hito en la América Milenaria y solamente, los tenemos presentes desde el plano espiritual, entre otros, encontramos algunos artistas pintores dedicados a plasmar las entrañas de lo que es ser originario, bajo las temáticas relacionadas a los pueblos originarios no escapamos a las referencias artísticas en El Salvador, del antiguo Cuscatán, la tierra de Quezalcoatitan, tenemos algunos de éstos ejemplos como fueron el gran nahual blanco Salarrué, José Mejía Vides, o a nuestro recordado hermano “tamastiani” ( maestro) de la plástica salvadoreña, del pincel de Camilo Minero, guerrero de las luchas populares por alcanzar mejores niveles de vida, todos ellos son guerreros jaguares del arte plástico pictórico, todos aquellos quienes fomentaron la reivindicación de los pueblos indígenas después de las masacres contra la insurrección popular desatadas en 1932 a manos de la sanguinaria dictadura militar de Maximiliano Hernández Martínez, a dicho periodo se le denominó más tarde como la dictadura del martinato.

Contemporáneamente, el arte va alcanzado un reconocimiento de lo identitario, de lo colectivo, de lo ejemplar en la producción estética originaria de la población actual salvadoreña. Ésta subyace, intrínsecamente, en las venas de todos nosotros, con un fuerte componente genético cultural indígena, hoy en día forma parte de lo cotidiano, Así, como el invasor colonialista español, el cual niega la tolerancia de aceptar a la otredad cultural, a igual.

Otro elemento sociocultural que debemos de interpretar en su justo momento, es precisamente, la existencia de la presencia negra en El Salvador, la cual no se queda atrás. Prueba de ello lo encontramos en los lienzos o códices de la conquista como es el Lienzo de Tlaxcala, y en otros, en donde la presencia del negro, por primera vez es interpretada en América aparece como temática principal en las manos de los tlacuilos, artistas completos prehispánicos. Desde ese punto de vista el arte es una narración etnohistórica, la cual testimonia los sucesos de la conquista vista desde los ojos del indígena, tanto en lo vivencial como lo testimonial de los sucesos acaecidos en nuestras tierras, a igual que en todo el resto de América, que marcó con la llegada de los invasores europeos un cambio de visión en torno a la vida, estos códices son testimonio históricos vistos desde los ojos de los indígenas.

Desde este punto de vista; nuestra misión, debe de ser considerada en releer lo producido estéticamente por las manos de los y las artistas indígenas del gran bagaje intelectual heredado por lo filósofos, etnocientificos y etnoartistas indígenas.

En todo caso, la categoría de “arte” es un canon bajo la simbología ideológica del ejercicio del poder occidental; no se trata de reclamar lo justo o injusto; o solamente de decir, que la producción artesanal de las artes populares, tanto en el folclor u otro término utilizado se le denomine “arte” ya que el término es apropiado desde el punto de vista etnocéntrico de las culturas occidentales, pero lo importante es a mi juicio que se eleve y se le reconozca la categoría de la producción estética de los pueblos originarios con el valor estético creativo, ideológico, político, cultural espiritual y sobretodo histórico de la iconografía producida por la mano de obra originaria. Si bien es cierto que de acuerdo a los cánones de occidente mucha de la producción estética no alcance “la calidad” o cumpla desde el nivel de llamarle arte a lo producido por la población indígena; más que eso, debe de tomarse en cuenta que la balanza no es justa, no podemos comparar con ojos de inquisición medieval neocolonialista, sí o no cumple con los cánones clásicos, desde el punto de vista de los parámetros del figurativismo del arte greco latino occidental del arte moderno, estos criterios son para el mundo estético occidental, debe de respetarse la autenticidad de lo producido con la belleza estética de los cánones de los pueblos originarios donde no caben las interpretaciones etnocentrista y eurocéntricas occidentales de calificarlas como no arte.

No se trata de cómo debe llamárseles bajo un calificativo respectivo, solamente reclamamos que corresponda a sus propios cánones de los pueblos originarios y no a los occidentales, pero entonces, ¿cómo debe de llamarles realmente?, más que simple semántica del arte debe de respetarse el valor histórico cultural y estético que encierra cada obra artística de nuestros pueblos originarios en procesos de liberación; entonces, ¿cómo debemos los creadores y trabajadores u obreros del arte y la cultura acogernos y corresponder bajo qué o cual Canon regirnos?, antes que preocuparnos de esto, debemos de considerar que el arte es considerado ideología en imágenes, y por tanto, un reflejo de la realidad social, donde el arte ha sido un arma ideológica de sometimiento, representado antiguamente en estelas y otras formas de escrituración artística, que formaban parte de los poderes hegemónicos de las castas gobernantes. En la colonia se representaba al Dios español con barba, blanco, de ojos azules, bajo la sombra de una deidad superior, que aplastaba a los antiguos ritos ancestrales mesoamericanos, por tanto debemos de considerar un reflejo de la conquista el trauma de la inferioridad de ser llamado indio,; por tanto debemos de superar este trauma de la conquista, en donde lo aplastado es sinónimo de menosprecio, de inferioridad al sometido.

Por tanto, el arte occidental refleja y comunica los procesos de dominación colonialista. Pero dialécticamente, el artista comprometido con su clase social, reivindica con su obra artística, concientiza y libera del yugo colonialista y neocolonialista, tomando a diario un fomento a las grandes capas populares del fomento de la conciencia social espiritual y para el caso, se debe y se compromete a participar de los procesos de liberación con su producción u obra artística dedicada a los pueblos indígenas, negros y populares a soltarse de los nuevos yugos neocolonialistas.

Y como lo dijeron nuestros ancestros en los numerosos poemas:

“Cortaron nuestras ramas, quemaron nuestro tronco; pero no pudieron arrancar nuestras raíces”
Pop Wuj.

Q'ij lahún ajmaq - día tecolut 10 de la cuenta larga-

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